⭐El condenado “padre sin cabeza”, Arequipa

Entorno al callejón de la catedral de Arequipa, existen muchas espeluznantes historias de terror y muerte, de brujerías, de fantasmas, de almas en pena, dramáticas versiones, que fueron inspiradas en el siglo 19 por el nauseabundo y oscurísimo callejón de la Catedral, cuando el callejón estaba aún empedrado, toda la población de Arequipa y sus contornos afirmaba que desde allí salían todas las noches, a las doce en punto, el condenado “padre sin cabeza”, quienes luego de espantar y atemorizar a la ciudad entera, se recogían a la madrugada, es decir, cuando comenzaba a colorear la hermosa campiña el rosicler del alba.

El padre sin cabeza es una leyenda que nos cuenta sobre el diabólico andar de un «Fraile sin cabeza» en Arequipa. Un alma en pena, que se le ve transitar por toda la ciudad, recorriéndolo de lado a lado el callejón de la Catedral de Arequipa y siempre al amparo de las doce campanadas que deja oír el reloj de la torre.

El espectro, dicen quienes habían tenido el valor o la mala fortuna de encontrárselo, se muestra ataviado con un viejo hábito franciscano y en cuyo interior del alargado capuchón que debía cubrirle la cabeza, sólo se podía entrever una profundo espacio hueco, una sombra provocada por el vacío.
La leyenda cuenta que el espectral personaje había sido decapitado por el hijo de un noble español, por un simple desacuerdo intrascendente, entre el fraile y en medio del calor de la desigual contienda, la cabeza de este último había sido cortada de tajo; a causa del fuerte golpe que le propinó el hijo del noble con la espada. 

Otras malas lenguas narran que la real historia, es la de un romance prohibido entre el párroco y una dama de la noche, y que el sacerdote daba rienda suelta a sus bajas pasiones en horas de la madrugada en uno de los antros más populares de ese momento, que funcionaron en el callejón de la catedral, el cual era frecuentado por gente de mal vivir.

El lamentable acontecimiento había ocurrido en el callejón de la Catedral de Arequipa, a un lado de antiguamente «Casa Forga».  

El sacerdote se había sido castigo por sus actos, injustamente decapitado por sus enemigos, tras lo cual su fantasma se aparece deambulando por las noches, ya sea por las calles o en ermitas, iglesias y otros recintos religiosos, buscando desolado su cabeza, espantando a los pecadores, como mudo testigo que reclama justicia por su muerte. Pues al momento de la decapitación, un perro se habría llevado a esconder en algún recoveco de los alrededores su cabeza. 

También se narran que hay personas que lo han visto aparecer en el interior de la Catedral, celebrando la misa de la media noche.

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