El diablo está en todas partes, incluso en la catedral.
Todos los que han entrado alguna vez al templo de la Catedral de Arequipa, se han maravillado por la hermosura de todo lo que allí habita: El órgano portentoso, las estatuas de los apóstoles talladas en madera hueca y un larguísimo etc., pero en definitiva de tan fastuoso decorado, es el púlpito o para ser más exactos el diablo que esta aplastado, lo que ha llamado siempre con mayor ahínco la atención de todos sus visitantes.
El diablo vive, desde 1879 en la catedral, en esos años el Perú era ocupado por Chile y el diablo llegaba por el mar al puerto de Islay, lo que pasa es que en esos años se hacía el mejoramiento de la Catedral y Doña Javiera Lizárraga de Álvarez se había comprometido en construir el púlpito en la catedral, con la venta de una de sus casas; entonces una comitiva busca artistas talladores para construir una obra magistral.
El diablo fue construido en Francia, en los talleres Buisine – Rigot, en madera de encina, cuyo costo fue 25,000 francos, el contrato lo hizo don Juan Mariano de Goyeneche; el trabajo costó 15 meses de arduas labores. Un 12 de diciembre de 1879 llegó a Arequipa y se desclavó los cajones, el diablo vino en 12 piezas, los maestros empezaron a armar, luego de trabajos de ensamblaje el púlpito quedó maravilloso.
Si bien es cierto dicho púlpito es una pieza de arte majestuosa, nadie sabe explicar realmente la presencia de satanás en la catedral. Presencia que ha sabido como inquietar a los feligreses: Según cuentan los más supersticiosos, el diablo de la catedral se mueve. Cobra vida cada noche y gime del dolor mientras intenta escapar del pesado púlpito que lo aprisiona, llorando lágrimas de sangre en medio de su desesperación.
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